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La venganza de la abuela quiriquireña - Un relato de Jesús Romero

 


Un abuelo es la persona que debería recibir las mejores y mayores muestras de cariño y consideración de familiares, amigos y hasta de extraños. Por lo general, ttirimundi trata a los abuelos con respeto y amabilidad, y ¡así debe ser siempre!

Para los nietos los abuelos son los seres más generosos, bondadosos, cariñosos, amables, confiables, consentidores, cómplices y compinches. Nadie sabe a ciencia cierta el porqué los abuelos le taparean todo— bueno, casi todo— a los nietos. ¿Por qué los abuelos asumen la culpabilidad de cualquier problemita o situación que haya protagonizado el nieto? ¿Por qué se inculpan?, nadie tiene una respuesta clara, del porque lo hacen. Aunque la mayoría refiere que es por amor.

La abuela —exclamaba—:

—Tengo más de dos horas tratando de ensartar esta aguja... ¡y nada!

—¡Buenos días, abuelita! —El nieto todavía bostezando, al tiempo que la abrazaba le dio un beso.

—¡Mira, Chuito! Ve si tú puedes ensartarme esa aguja; porque tengo mucho rato tratando, ¡y nada! ¡No sé qué me está pasando! Yo hasta hace unos días la ensartaba en un tris...

—¡Abuelita! Eso era allá en Margarita cuando estaba encaramao, Marcos Pérez Jiménez... que tenías 20-20... de vista.

—¡Mira, muchacho er’carajo! Ya vas a comenzar a chalequearme, bien temprano. ¡Ensarta la aguja y te vas pal’carajo! En mi Tacarigua natal nadie me encaramó cuando tenía 20 años de edad... y mucho menos ese, Marcos Pérez, que tú dices. Y te lo vuelvo a decir una vez más, ¡Tú papa fue el primero y el único que le metió el primer mordisco al jugoso mamey, y eso fue algo más allá de los veinte cumplidos, que él disfrutó a más no poder! Recuerdo clarito— que decía: ¡Qué fruta más exquisita! — saboreándose el muy condenao.

—Yo enseriándome— increpé a tu abuelo—: Después no me vayas a salir con vaina... ¡Que no quieres fruta mordisquea! Que a ese mamey ya le habían hincado el diente.... ¡Que esa fruta ya la habían manoseado!

Igual vaina decía el pasao de Argimiro, —el frutero de Pampatar— que siempre se quería propasarse con las mujeres, al decirles: “Las señoras que palpen la fruta, serán sometidas al mismo tratamiento por parte del frutero” Si tú te empeñas en decirme todo esto a mí —amenazaba al frutero—... ¡te despellejo vivo! ¡A pesar que andaban detrás de mi acechándome, una cuerda de manganzones, peleándose entre ellos para ver quien le daba el primer palo a la piñata...! Pero sabes, con lo único que se quedaron fue con la dentera... Así, que te quede claro esa lavativa.

—¡Pero, abuelita, cálmate! ¡Por favor! Cómo vas a pensar tú, que te vine a gastarte bromas, ¡está muy temprano! ¡No señora!

—Ahora, escucha esto que te voy a contar —le manifestó el nieto—. No lo había hecho para no darte preocupaciones.

—Resulta que, Rosita, esa que tú me restregabas que era la mujer de mi vida... Que era la que me convenía... Que era un tronco de mujer... ¡¿Sabes lo que es en verdad?! ¡Una rolltranco de rata!

—Y eso me que sugeriste, me advertiste y asesoraste... ¡a lo mejor funcionaba antes, pero ahora no!

—Yo hice todo como me dijiste, al pie de la letra: Que viera la fruta, la tocara, me saboreaba. ¡y hasta ahí!... ¡más na! ¡Y así lo hice! Muy a pesar que ella me insinuaba y alentaba a seguir adelante; pero, yo abrazado a ese juramento que hice delante de ti... me retorcía; pero no llegué a pecar. ¡Me mantuve firme! Hasta que se apareció un rival, sin cumplir ningún ritual y sin miramiento alguno,... la fruta que yo estaba madurando... el muy condenao, de una, le hincó el diente... ¡Poco le importó, si estaba verde, pintona o madura! Y, tus orientaciones y sabios consejos ¡dieron al traste! Eso era antes, abuelita... ¡Eso era en tus tiempos ¡ Ahora, primero se rompe la piñata, y después se pasan las tarjetas de invitación, ¡Para que sepas esa vaina, abuelita!

—Y tú, ¿qué hiciste? ¡De seguro, por supuesto, que no la perdonaste! ¿Verdad? —mi querido nieto.

—¡Qué! Que, ¿qué hice?! Lo que haría cualquier joven de mi edad en estos tiempos convulsivos y de grandes cambios... ¡¡La perdoné!! Y sabes lo que me respondió mi noviecita: ¡Te juro que el resto de la fruta será tuya y de nadie más! ¡Y te digo lo que me han contado mis amigos— que a ellos las novias les han hecho lo mismo— y aún, habiéndoles rogados que las perdonaran, que no seguirían repartiendo la fruta... Una y otra vez, lo siguen haciendo, y, una y otra vez las vuelven a perdonar...

—¡Bueno, abuela! Yo espero que mi querida novia cumpla con su juramento y ¡jamás! vuelva a darle, ni siguiera una ñinga de su fruta a nadie más.... pero, si no cumple conmigo, si rompe su juramento... ¡No me queda de otra que hacer lo que siguen haciendo mis amigos ¡Seguir perdonándola!

Hoy, ahora todo está patas arriba, como nunca es tarde para aprender, ¡Te cuento que ahora la pegadera de cachos es virtual, abuela:

Cachos virtuales: Se trata de mensajes, charlas y video chat con hombres o mujeres a través de la red. En este caso la comuni cación es más fácil, porque están en contacto a cualquier hora. Quienes cometen esta infidelidad tienen más chance de que los perdonen, porque en su mayoría no llega a tener contacto físico.

La abuela con ganas de abofetearlo— le espetó—:

—Una cuerda de so temigosos, ¡eso es lo que son ustedes! Unos remilgos de manganzones descerebrados y un ensarte de bocabiertas es lo que son ustedes. ¿Acaso tienen “sangre de horchata en la sangre”? ¡¿Qué hombre aguanta esa vaina?! ¡Y que machos! Machos los de mis tiempos... ¡Esos sí eran hombres de verdad!... No esta cuadrilla de monigotes ni de payasos que hay ahora por doquier embadurnados de hombres.

—En aquellos tiempos la sola sospecha que la mujer le estaba montando los cuernos; el hombre le hacía un llamado de atención... ¡metiéndole un sólo carajazo en la boca! Si, por el contrario, estaba circulando por el pueblo que la mujer le estaba pegando cachos... el hombre le metía una soberana paliza a la mujer, de padre y señor nuestro que, eran tan fuerte los chillíos que pegaba la mujer— debido a la bestial paliza— que estos berríos activaban las campanas de la Iglesia, y tan sólo estas dejaban de tañer, cuando el hombre terminaba con la paliza.

Rosendo, meciéndose en su hamaca, y nomás escuchar el redoblar de la campana de la Iglesia— le comentó a su mujer:

—Nemencia, Oooo! Por ahí están jodiendo a otra adultera, ¡esta es la tercera que joden en lo que va de mes! Para mí, que ese es el cambio de luna, y soltó una estruendosa carcajada. Jajaja. Jajaja

—Abuela, ¡¿y tú estás segura que ya vas a saltar el charco?!— exclamó el nieto.

La abuela en fracciones de segundos pensó que ya era hora de cobrarle todas las bromas insolentes que día y noche le echa este quisquilloso y ladilloso nieto... Y, ya habiendo maquinado en su pensamiento— el plan— le confesó al muchacho:

—Esto que te voy a confesar que quede entre tú y yo: ¡Sí, tienes razón!, ¡Ya dentro de poco la voy a largar, o sea, voy a saltar el charco como dices tú; por eso te voy a dejar en el badl... ¡ALGO PARA QUE COMAS TODA LA VIDA!

El nieto le respondió, mostrándole una risita burlona:

—¡Caramba, abuela! Estabas más dura que sancocho e’pato, pa’solta esos cobres... ¡Ahora si te puedes ir tranquila, abuelita!

Y corrió hacia el baúl, lo abrió, y: ¡¡¡¡HABÍA UNA CUCHARA!!!

“Hay tantos modos para entrar en las vidas de las personas;
pero hay sólo un modo para permanecer: ¡EL RESPETO! “
Autor anónimo.