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Palabras sin dueño - Una obra de Armando Carías


Dentro de la programación de la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) en su capítulo Monagas, hay presentaciones que trascienden el acto formal para convertirse en experiencias sensoriales inolvidables. Así fue la presentación del libro infantil Palabras sin dueño, del escritor Armando Carías, una obra que llegó al pabellón infantil para demostrar que las palabras, cuando se comparten, encuentran su verdadero hogar en el corazón de quienes las escuchan.

La actividad estuvo a cargo del también escritor y editor Néstor Curra, quien asumió la responsabilidad de presentar esta obra con el cuidado y la sensibilidad que merece un texto destinado a los más pequeños. Acompañado en el escenario por Regina González, miembro de la red nacional de narradores orales de Venezuela, Curra construyó una presentación que combinó la profundidad del análisis literario con la calidez de la tradición oral.

Curra inició su intervención compartiendo con el público la historia detrás de la creación de Palabras sin dueño. Con la precisión de quien conoce el oficio editorial y la pasión de quien ama la literatura, relató los entresijos que dieron vida a esta obra infantil, permitiendo que los asistentes comprendieran el valor y el esfuerzo que hay detrás de cada página. No se trataba solo de presentar un libro, sino de abrir una ventana al proceso creativo que lo hizo posible.

Para complementar su presentación, Curra proyectó un material audiovisual en donde se pudo observar en su totalidad el contenido del libro infantil. Fue un momento que permitió a los asistentes sumergirse en el universo visual que acompaña a las palabras de Carías.

Uno de los instantes más emotivos de la jornada llegó cuando Curra permitió la proyección de un mensaje audiovisual del propio autor, Armando Carías. En el video, el escritor agradecía el gesto de la presentación de su obra en la ciudad de Maturín, un reconocimiento que conectó al público presente con el autor ausente y que añadió una capa de calidez y complicidad al evento. Las palabras de Carías, llegadas desde la distancia, resonaron en el espacio como un recordatorio de que la literatura es también un puente que une voluntades y corazones.

Pero la presentación guardaba aún más sorpresas. Néstor Curra, con la generosidad de quien sabe compartir el protagonismo, presentó a Regina González, la talentosa narradora que lo acompañaba en el escenario. Y fue entonces cuando la magia se desbordó.

Regina González, miembro de la red nacional de narradores orales de Venezuela, regaló a los asistentes una narración histrionizada que dejó huella en grandes y chicos. Con su voz, sus gestos y su dominio del arte de contar, dio vida a un cuento sobre un unicornio que veía en la sala de una casa, adas y mariposas que dormitaban en los muebles. La historia, aparentemente sencilla, fue tejiendo un halo de fantasía que atrapó la atención de todos los presentes.

Los presentes, siguieron cada palabracon los ojos muy abiertos, dejándose llevar por el encanto de la narración. Adultos en su gran mayoría,  cautivados, sonreían ante el despliegue de talento de una narradora que domina su oficio con maestría. Y cuando el cuento llegó a su desenlace, la revelación llegó como un golpe de efecto magistralmente ejecutado: aquel unicornio, aquellas hadas y mariposas no eran más que un perro guardián que cuidaba de los dos niños de la casa, que se encontraban plácidamente acostados en los muebles de la sala.

El final inesperado del cuento arrancó los aplausos de los espectadores, que celebraron no solo la sorpresa narrativa, sino el talento de Regina González para conducirlos por un camino y llevarlos a un destino completamente distinto. Fue un recordatorio de que la narración oral es un arte vivo, capaz de transformar la realidad y la fantasía en un mismo tejido.

Para concluir la presentación, Néstor Curra bajó del escenario y realizó un gesto que selló con broche de oro este encuentro literario. Acompañado por varios niños que se encontraban presentes, procedió a hacer el bautizo del libro, pero no con agua ni con palabras formales, sino haciendo uso de la imaginación, esa herramienta tan poderosa que habita en cada niño y que también reside en quienes nunca dejan de serlo.

Curra invitó a los pequeños a crear globos imaginarios de colores y a elevarlos hacia el cielo como símbolo de paz.