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Actividades del mes de marzo en la Escuela de Escritores Monaguenses


 El mes de marzo fue, para la Asociación de Escritores de Monagas (ASOESMO), un período de intensa actividad en la Escuela de Escritores Monaguenses. Tres encuentros, tres miércoles que reunieron a creadores de diversas edades y trayectorias en torno a la palabra, la formación y la alegría compartida. Cada jornada tuvo su propio sello, pero en todas predominó el espíritu de una comunidad literaria que entiende la escritura no como un oficio solitario, sino como un espacio de encuentro, aprendizaje y celebración.

Miércoles 4 de marzo: Un homenaje a la mujer entre coronas y alegría

El primer miércoles del mes, la Escuela de Escritores se vistió de gala para celebrar el Día Internacional de la Mujer. La jornada, que reunió a damas y caballeros de la agrupación, fue concebida como un acto cultural que reconocía el papel fundamental de las escritoras en la vida de la asociación y en el panorama literario regional.

El momento central de la celebración fue la elección de la Reina de las Damas de ASOESMO. La votación, cargada de emoción y complicidad, dio como ganadora a la compañera Iris Rivera, cuya trayectoria y calidez humana la han convertido en una figura querida dentro de la agrupación. La coronación estuvo a cargo de dos autoridades de la asociación: el presidente, escritor Miguel E. Molano, y la secretaria, poeta Dolores Maza, quienes impusieron la corona en un acto simbólico que selló el reconocimiento de todos los presentes.

Pero la fiesta no terminó allí. La reina necesitaba un acompañante, un rey que compartiera con ella el trono durante su reinado. Y la elección recayó en el compañero Ramón Azocar, quien recibió la distinción con la alegría que lo caracteriza.

El programa preparado para la ocasión estuvo a la altura de la celebración. Música en vivo, números artísticos, rifas y un ambiente de alegría al por mayor hicieron de aquel miércoles una tarde inolvidable. Las damas de ASOESMO, que eran las protagonistas principales, compartieron risas, abrazos y el orgullo de pertenecer a una asociación que reconoce y valora su aporte. Los caballeros, por su parte, se convirtieron en anfitriones generosos, celebrando junto a ellas la fecha que honra la lucha y los logros de las mujeres en todos los ámbitos.

Al finalizar la jornada, quedó en el aire la certeza de que aquella celebración no era un acto aislado, sino parte de una tradición que ASOESMO cultiva con esmero: la de hacer de la literatura un espacio también para la alegría, el reconocimiento y la hermandad.

Miércoles 11 de marzo: La voz de los aprendices

La segunda reunión del mes estuvo marcada por el regreso a las actividades educativas que constituyen el corazón de la Escuela de Escritores Monaguenses. En esta ocasión, el formato fue el de un taller de lectura compartida, donde cada asistente tuvo la oportunidad de poner voz a sus creaciones.

En encuentros anteriores, los coordinadores habían propuesto una tarea orientada a desarrollar la creatividad de los escritores. Y llegó el momento de compartir los frutos de ese trabajo. Uno a uno, los participantes fueron tomando la palabra para leer sus textos: cuentos, poemas, relatos breves que reflejaban la diversidad de estilos y sensibilidades del grupo.

El ejercicio fue, ante todo, un acto de generosidad. Cada lectura abría una ventana al mundo interior del autor, y cada texto recibía la escucha atenta de los compañeros, que luego ofrecían comentarios, sugerencias y palabras de aliento. Para los más noveles, fue una oportunidad de enfrentarse por primera vez al juicio —siempre constructivo— de sus pares. Para los más experimentados, un recordatorio de que la escritura es un oficio que nunca termina de aprenderse, y que la retroalimentación honesta es una de las herramientas más valiosas para el crecimiento.

La jornada transcurrió en un clima de respeto y concentración, pero también de entusiasmo. Porque cuando un escritor lee en voz alta lo que ha escrito, no solo comparte un texto: comparte una parte de sí mismo. Y en la Escuela de Escritores Monaguenses, cada miércoles se renueva ese pacto de confianza que convierte a un grupo de personas en una comunidad literaria.

Miércoles 24 de marzo: El verbo haber como excusa para aprender y celebrar

La última reunión del mes estuvo a cargo del escritor Miguel E. Molano, quien, con la creatividad que lo caracteriza, diseñó una dinámica que combinó la enseñanza gramatical con el juego y la participación activa de los asistentes.

Molano inició la jornada con un relato. De manera preconcebida —y sabiéndolo muy bien—, cometió un desmán lingüístico. Refiriéndose a las guerras que han ocurrido a lo largo de la historia, dijo en voz alta: "...hubieron muchas guerras que..." La frase, incorrecta en su construcción, cumplió su propósito: varios de los presentes interrumpieron al unísono para hacer la corrección.

Porque Molano había pedido expresa-mente que así lo hicieran. El momento, lejos de ser incómodo, se convirtió en una entrada lúdica al tema central de la jornada: el correcto uso del verbo haber en su tiempo pretérito, específicamente la forma "hubo" como impersonal que no debe conjugarse en plural. La interrupción, esperada y celebrada, permitió que el grupo se convirtiera en protagonista activo del aprendizaje, en lugar de ser un receptor pasivo de una lección magistral.

A partir de allí, Molano desarrolló el tema con la claridad y el rigor que lo caracterizan, pero sin perder nunca el tono ameno que había caracterizado el inicio. La gramática, que para algunos puede resultar árida, se volvió en sus manos un territorio fascinante, lleno de matices y de historia. Los asistentes participaron con preguntas, ejemplos y reflexiones, demostrando una vez más que la Escuela de Escritores es un espacio donde todos aprenden de todos.

Pero la jornada guardaba aún otro momento de alegría. Al concluir la parte académica, las voces se unieron para entonar el "cumpleaños feliz" a cinco compañeros que cumplían años durante el mes. La tradición, instaurada hace tiempo en la asociación, se ha convertido en uno de los rituales más queridos por los miembros. Cada cumpleaños es una excusa para detenerse, para celebrar la vida, para recordar que antes que escritores, son amigos.

La reunión concluyó entre risas, cantos y mucha alegría. Los cinco agasajados soplaron las velas imaginarias de una torta simbólica, recibieron abrazos y buenos deseos, y se llevaron el calor de una comunidad que los reconoce y valora no solo por su obra, sino por su presencia.
El mes de marzo en la Escuela de Escritores Monaguenses fue, en síntesis, un reflejo de lo que ASOESMO representa para la vida cultural de Monagas. No es solo un espacio de formación literaria, aunque lo es con excelencia. Es también un lugar donde se celebran los logros, donde se reconocen los esfuerzos, donde la amistad se cultiva con la misma dedicación que la escritura.

La elección de la Reina de las Damas y su Rey, las lecturas compartidas del taller de creatividad, la divertida lección sobre el verbo haber, los cumpleaños celebrados con canciones y abrazos: todo ello conforma el tejido de una asociación que ha logrado algo difícil de encontrar en el mundo literario actual. Ha construido una comunidad donde la competencia ha sido desplazada por la colaboración, donde el ego cede ante el compañerismo, donde aprender y enseñar son dos caras de una misma moneda.

Y mientras los miembros de ASOESMO se despidieron aquel último miércoles de marzo con la promesa de volver a encontrarse en abril, quedó en el ambiente la certeza de que la Escuela de Escritores Monaguenses no es solo un taller literario. Es, ante todo, una familia que crece y se fortalece cada semana, convencida de que la palabra compartida es la mejor forma de habitar el mundo.